Defendamos a Los Niños, América

Son las cuatro de la mañana y debería estar durmiendo pero no lo estoy. Al igual que muchos de ustedes, estoy procesando las noticias y me agobia el que estemos separando a niños de sus familias. Estamos almacenándolos en lugares donde no hay suficientes adultos que les brinden amor para ayudarlos a sentirse seguros. Se encuentran rodeados por cercas alambradas, quizá se sientan enjaulados como animales o criminales, aunque ellos también merecen algo mejor. Y ahora escucho que tienen frío. Niños con frío, con hambre, cansados y asustados sin brazos cariñosos que los arrullen y abracen.

Estamos rompiéndoles el corazón y rompemos el nuestro al mismo tiempo. Estamos haciendo esto y sabemos que está mal.

Son las cuatro de la mañana y debería estar durmiendo o quizá no. Los niños no están durmiendo, no están bien y esto es algo que nuestro país está haciendo. Tal vez todos necesitemos despertar, sabemos que esto está mal y no se necesitan ni investigaciones ni profesionales en el campo de salud mental para comprobarlo. Cuando vemos lo que pasa nuestros cuerpos pueden sentirlo, nos pesa el corazón, se nos revuelve el estomago. Así es como nos hace sentir aquello que está mal. Si tenemos que voltear a otro lado para lidiar con los sentimientos que nos causa entonces sabemos que no está bien.

Sí, es cierto que hay muchas cosas en nuestro mundo que nos hacen sentir así. Es muy fácil sentirse abrumado por las olas de dolor y horror causadas por la humanidad. Pero esta vez necesitamos mirar, necesitamos sentir el dolor porque nosotros lo estamos causando. Si tú te consideras americano o americana (y yo sí), entonces esto se está haciendo en nuestro nombre.

Y la verdad es que, como alguien me lo señaló alguna vez, estos niños son americanos también. Puede que sean de América Central o de Sudamérica, pero son americanos y necesitamos reconocer que el dolor viaja al igual que la contaminación. En una era en la que podemos ir alrededor del mundo en un día, en la que un mensaje es enviado en un segundo, ¿qué nos hace creer que el dolor se queda en donde comenzó? El dolor no se quedará contenido detrás de muros o fronteras o de cercas alambradas. Es posible que pase tiempo antes de que se propague pero para entonces desearemos haberlo detenido antes porque veremos que hemos forzado a aquellos niños, a nuestros hijos y a nuestros nietos a lidiar con las consecuencias del dolor que nosotros creamos.

Nuestros hijos y nietos verán imágenes y escucharán historias sobre cómo nosotros, el pueblo de los Estados Unidos de América, le hizo daño a niños. Y cuando ellos se den cuenta de esta realidad, ya que estará en los libros de historia, se harán una simple pregunta: ¿Por qué?

Cada uno de nosotros necesita imaginarse cómo responderemos, y si tienes una respuesta que te permita respaldar esto o mantenerte pasivo mientras esto pasa, piensa profundamente si esa respuesta resistirá el paso del tiempo. Piensa profundamente cómo la defenderás en tu lecho de muerte y más allá. También piensa en aquellos que han separado a niños de sus padres, aquellos que trabajan en la frontera y que han sido instrumentos de actos crueles. Si ellos aún no son padres, imagínalos como padres primerizos, sosteniendo a su hijo amorosamente en sus brazos. ¿A caso la argumentación política les permitirá justificar lo que hicieron? O, al mirar a un niño a los ojos otra vez, ¿se sentirán abrumados por el dolor desgarrador de lo equivocado? ¿Su paternidad y sus familias se verán manchadas por sus acciones pasadas?

Ya sé que no necesitamos investigadores o profesionales en salud mental para saber que esto está mal, sin embargo yo soy ambas cosas. En más de dos décadas de trabajo como investigadora, terapeuta, supervisora, asesora e instructora trabajando con niños menores de 6 años que han experimentado trauma, se me han confiado más de 1000 historias de más de 1000 familias alrededor del mundo. Todo lo que la investigación, otros expertos y las familias me han enseñado es lo que me hace saber que lo que estamos haciendo está mal.

Esto es lo que las familias y sus historias me han enseñado, cuando somos pequeños y los adultos nos lastiman o fallan al protegernos y no es reconocido y reparado, las consecuencias perduran. A falta de otras relaciones protectoras y de otros modelos de relaciones, estas experiencias nos enseñan que "así son" las relaciones; la gente nos deja, puede que nos hagan daño, no podemos confiar en otros. Estas experiencias también definen la forma en la que podríamos responder a las siguientes preguntas: ¿Soy capaz? ¿Soy valioso? ¿Inspiro ser amado? Cuando el daño es amplificado por la sociedad entonces de verdad estamos desamparados, estamos sin refugio, sin protección, sin un modelo saludable de como merecemos ser tratados.

Como terapeutas en trauma infantil, mis colegas y yo pasamos nuestros días reparando daño. Colaboramos con familias, escuchamos historias de niños que han sido dañados. Escuchamos historias sobre la forma en la que nuestros sistemas apoyaron o le fallaron a las familias. También escuchamos las historias de aquellos que han lastimado a otros. Atormentados por sus propias acciones algunos buscan apoyo para ayudar a sus familias a superar el dolor y el daño y así sentir seguridad y conexión. Es un trabajo difícil pero hermoso. Cuando los niños pueden compartir sus experiencias sinceramente con alguien que los ama, cuando se les reúne con brazos amorosos que ahora los abrazan y protegen, ellos florecen. Cuando los padres reconocen a profundidad sus experiencias propias y las de sus hijos, logran respirar y son capaces de criar a sus hijos de una forma que quizá ellos no hayan conocido de niños. El sentimiento en nuestros cuerpos pasa del dolor y la separación a la conexión y la esperanza.

En todo el país empezamos a escuchar historias de los niños que han sido separados de sus familias. Estamos trabajando para reparar el daño que nunca debimos haber causado. En los siguientes 20 años, esperamos también escuchar las historias de las familias del otro lado de esta tragedia, aquellos que separaron niños en la frontera, aquellos que trabajaron en los centros de detención. Es difícil hacer daño o ser testigo del daño causado a niños y no desarrollar TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático).

Nosotros lo que hacemos este trabajo también llevamos la carga del dolor causado por esta violencia social. Estas acciones políticas están rompiendo los corazones de niños y familias, y rompen el nuestro al mismo tiempo. Terapeutas, maestros, profesionales médicos, trabajadores del sistema de bienestar infantil, abogados, personal de la corte y muchos otros de nosotros también estamos pagando el precio de estas políticas y yo imagino que seguiremos pagándolo por décadas.

El propósito de la sociedad es proteger a sus miembros. A lo largo de la historia, hemos trazado líneas definiendo a quienes consideramos dentro de nuestro círculo y quienes deberían estar bajo nuestra protección. Pero es seguro que dentro de nuestras creencias fundamentales coincidimos en que los niños son el futuro de nuestro mundo y es nuestra responsabilidad como adultos buenos y afectuosos protegerlos, o al menos no dañarlos.

Son las seis de la mañana y tal vez esos niños que llevamos en el corazón se están despertando, si es que pudieron dormir algo en el piso frío y duro. Merecen tener a alguien que les diga que la pesadilla se acabó o por lo menos que, aunque los adultos tengamos nuestros grandes desacuerdos, todos coincidimos en que los niños son muy preciados. Ellos son nuestro futuro y trabajaremos juntos, reflexionando profundamente, para hacer que sus vidas y nuestro mundo sean más humanos y más bondadosos. Hacemos esto por el bien de los niños que están sufriendo y por el bien de nuestros propios hijos que también llevarán la carga de este dolor causado por la humanidad. Estamos abogando por los niños.

Escribo esta carta para representar las voces de mis colegas e invito a aquellos de ustedes que comparten estos puntos de vista a que firmen abajo y agreguen su voz a la nuestra. Compartan esta carta con los políticos que los representan y agreguen sus opiniones. Háganles saber que como personas en la profesión dedicada a la asistencia, aquellos que trabajan en el frente para ayudar a familias a sanar del trauma, no nos quedaremos callados ni dejaremos que la crueldad suceda. No nos quedaremos callados mientras nuestra sociedad abusa y lastima niños. Ellos no lastiman niños en nuestro nombre. Nosotros no apoyamos políticas que causan daño a niños, no apoyamos a aquellos que las redactan, que votan a favor o que implementan políticas que causan daño a niños.

Si te gustaría agregar tu nombre, por favor responde esta breve encuesta. Además de añadir tu nombre y tu título como deseas que aparezca, estamos tratando de recaudar información sobre el código postal y el estado para poder generar un mapa. De esta forma podremos ver y mostrarle a otros cuantos de nosotros estamos uniéndonos y defendiendo a los niños.

Si te gustaría agregar a tu agencia como un simpatizante o si tienes algún otro comentario o sugerencia para tomar acción, por favor envía un correo electrónico a admin@childtraumasf.com usando como línea de asunto: I Support Stand for Children, America (Yo apoyo Defendamos a los niños, América).

Escrito el 4 de Julio del 2019

Chandra Ghosh Ippen, Ph.D.
Associate Director, Child Trauma Research Program, University of California, San Francisco
Director of Dissemination and Implementation of Child-Parent Psychotherapy

Versión Español

Carmen Rosa Noroña LCSW, MS.Ed.,CEIS

Stephanie Kaufmann

Chandra Ghosh Ippen, Ph.D.

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